Hoy hemos dejado de asegurar nuestra supervivencia desde nuestra atalaya personal para delegar esta responsabilidad en el grupo. Prueba de ello es que nuestro lenguaje ha dejado de dibujar realidades personales para representar las de aquellos en quienes hemos depositado nuestro futuro. Estos titanes sociales, estas macro-organizaciones condicionan, hoy, nuestras conversaciones más triviales, nuestros sueños más poéticos y nuestras aspiraciones más ambiciosas.
Supongo que la trascendencia de esta realidad ha determinado la creación de una sección desde la que puede accederse a los veinte centros de poder mundiales. El lenguaje de estos organismos dicta el devenir de toda actividad humana en un entorno cambiante en el que seguimos luchando por sobrevivir ya no como individuos, sino como especie.


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